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La verbena de la Paloma

Disponible a partir del 2 de mayo a las 10:00h

FESTIVAL DE ZARZUELA

LA VERBENA DE LA PALOMA, del Maestro Tomás Bretón.

ACTO ÚNICO.

Cuadro primero: Una calle de Madrid.
Nos hallamos en un barrio popular de la Villa y Corte. La escena representa una calle y frente al espectador, de izquierda a derecha, aparecen una botica, una casa de pisos con su portal abierto, una buñolería y una taberna, con mesas en el exterior. Es la noche del 14 de agosto, fecha en que se celebra la verbena de la Virgen de la Paloma. Varios vecinos están tomando el fresco en la calle: frente a la botica, Don Hilarión, el boticario, y su amigo Don Sebastián; ante el portal de la casa, el portero y la portera, ésta con un niño dormido en el regazo. En la taberna, sentados a una mesa, el tabernero y dos mozos jugando al tute, mientras la tabernera, Rita, cuida del establecimiento y les sirve algunas copas. Junto a la pared de la taberna se halla sentado Julián, pensativo y triste. En la buñolería, entra y sale gente.

Al levantarse el telón, Don Hilarión y Don Sebastián están conversando sobre los avances de la ciencia médica y los cambios habidos en los productos de botica, no sin mencionar, de paso, el calor que hace.

La señá Rita, la tabernera, observando la tristeza de Julián, le incita a superar su depresión mientras los mozos y el tabernero juegan a las cartas discutiendo las jugadas. Julián sigue
confesando sus penas a la señá Rita: la causa es una «morena chulapa» de la que está enamorado y lo atormenta con sus desdenes. La tabernera le aconseja que la deje y tenga juicio.

La portera va a acostar al niño; mientras, entra un grupo de chulos y chulas en la buñolería. Ellos, de muy buen humor, prometen un mantón de la China a sus respectivas acompañantes, y éstas responden con gracejo y la escena transcurre a ritmo de seguidillas. La felicidad de las parejas reaviva el dolor de Julián que prosigue su discusión con la señá Rita, por la que nos enteramos que ella le quitó la pistola con que Julián iba a hacer un despropósito. Finalmente, el joven explica lo que ha visto esa mañana: el objeto de su amor frustrado, Susana, se paseaba en un coche de punto con un hombre, aunque luego confiesa que no llegó a ver al acompañante.

Rita, preocupada por Julián, le recuerda que tiene madre y que por ello no debe meterse en líos. Distraída con la conversación, Rita ha oído hablar de copas a los que juegan a cartas y les sirve vino. Después se despide para irse de verbena y se lleva consigo a Julián para que se distraiga.

Don Sebastián también se despide de Don Hilarión; éste dice tener que pasar la velada cuidando a un enfermo, pero Don Sebastián sabe la debilidad del boticario por las faldas y no le cree. Apenas se ha ido su amigo, Don Hilarión se confiesa a sí mismo, en unas célebres coplas («Una morena y una rubia»), que le están sorbiendo el seso dos hermosas muchachas, Casta y Susana, y su mayor problema es decidir cuál de las dos le gusta más, a pesar de que intuye que ambas van con él por su dinero. Después de las coplas, en un monólogo, habla del paseo que esa mañana dio con ellas en un coche de punto y de la verbena a la que irá con las dos, a pesar de que tendrá que cargar también con la tía Antonia, que busca casar a una de las muchachas con él.

Cuadro segundo: Una calle del barrio de la Latina.
El escenario está ocupado por dos casas, frente a frente: una antigua y pobre, que sólo tiene piso principal y bajos, a la izquierda, y a la derecha otra más nueva y alta y que tiene en los bajos un local llamado «Café de Melilla». Junto a la puerta de éste hay un puesto de fósforos y periódicos. Ante el portal de la casa más modesta están sentadas, en la calle, Casta, Susana y su tía Antonia; las dos primeras visten de chulas. Antonia es ordinaria y gruesa, aparenta unos cincuenta años y habla con una voz aguardentosa muy desagradable. Dos vecinas y un vecino están sentados cerca de las tres mujeres. Dos guardias pasean por la calle y el sereno, apoyado en la pared debajo un farol, lee La Correspondencia.

Al levantarse el telón, dentro del café se oye música: una cantaora acompañada por el piano actúa ante un público que se supone numeroso y que la jalea en el momento adecuado.

La soleá que interpreta dentro del café la cantaora excita a la tía Antonia, que prorrumpe en ruidosos y desenfrenados olés con su voz aguardentosa. Casta y Susana tratan de hacerla callar, pero esto enardece aún más a la mujerona que abruma a los presentes con un interminable y fogoso desplante en elogio de la cantaora.

Las vecinas y el vecino hablan con las tres mujeres acerca del «novio» tan singular que les ha salido a las chicas. El vecino pregunta a Susana si vendrá Julián a la verbena, pero ella le relata la pelea que ha tenido con él. Unos aullidos de los perros de la tía Antonia obligan a ésta a salir de escena. Los vecinos se van y a poco no quedan en la calle más que los dos guardias y el sereno. Los primeros hablan con acento asturiano y el sereno con acento gallego. Su conversación sobre lo mal que va la política se ve interrumpida por un vecino que vuelve a casa y llama insistentemente al sereno hasta lograr que éste acuda a abrirle el portal.

Aparece ahora Don Hilarión prometiéndoselas muy felices. Ve ya a las chulapas aguardándole tras la reja de la ventana, aunque se desanima un tanto al observar que también está la tía
Antonia. Llegado ante ellas, les propone un refresco antes de ir a la verbena. Él mismo va a buscar al camarero al café y al abrir la puerta del establecimiento se oye una elegante mazurca; las muchachas se ponen a bailar en la casa y cuando regresa Don Hilarión con el camarero se une al baile.

Mientras tanto, llegan el tabernero y los mozos que jugaban con él; situándose ante la casa, el tabernero les explica el caso de Julián y advierte a los mozos que están allí para vigilar que Julián no haga un disparate si se presenta en la casa. Entran los tres en el café y a poco llegan la señá Rita y Julián; ella tratando de convencer al joven de que lo correcto es dejar que Susana elija libremente con quién quiere ir y no imponerse por la fuerza. A duras penas consigue que Julián se reprima, pero precisamente entonces se oye reír a las muchachas y al viejo y al punto salen éstos a la calle para ir de verbena. Julián no se puede contener y se dirige al grupo, aunque tratando de guardar las formas, para dirigir a Susana la pregunta «¿Dónde vas con mantón de Manila?» que tan célebre se ha hecho por su melodía.

La respuesta imperturbable de Susana colma la escasa paciencia de Julián y el muchacho se abalanza sobre el viejo, originándose el escándalo que tanto temía la señá Rita; la tía Antonia amenaza a Julián con los perros y llegan al punto los guardias y el sereno, pero el tabernero, los mozos y otros parroquianos del café separan a los contendientes y evitan que la pelea prospere.

Cuadro tercero: Una calle con un entoldado para la verbena.
Un piano de manubrio toca varias piezas mientras un sector de los comparsas baila y el resto, sentados en bancos de madera, habla y observa. A ambos lados del entoldado hay casas y. en un ángulo, un comercio de sedas. Ante la puerta de éste se hallan sentados Don Sebastián, Doña Severiana (su esposa) y Doña Mariquita (amiga de la familia). Candelaria, hija de ésta, y Teresa, sobrina de aquéllos, bailan entre el público con dos horteras.

Don Sebastián está entusiasmado con el baile, pero Doña Severiana está atenta a lo que hace Teresa y en un aparte le prohíbe que baile con el hojalatero; interviene Don Sebastián, un tanto ‘mosca’ de ver que su mujer sabe la fama de los chicos del barrio. Llegan Don Hilarión y las muchachas; el viejo está descompuesto por la pelea, no quiere permanecer en el entoldado y Don Sebastián le ofrece rosquillas con vino, que le sirve dentro del comercio. Mientras, se inicia otro baile en el que participan un viejo parecido a Don Hilarión y una muchacha cuyo mantón puede hacerla confundir con Susana. En aquel momento, entra Julián furioso y confundiendo a esta pareja con la que él busca arremete contra ellos, se excusa como puede y desaparece.

Llega la señá Rita muy preocupada: Julián se le ha escapado y teme que haga un disparate. No se equivoca. Al punto se oye un fuerte altercado y aparece Julián con el pantalón mordido por los perros de la tía Antonia y peleándose con ésta; a su lado, Casta, Susana, dos guardias y un inspector. Cesa el baile y la multitud observa la pelea que se suscita. El inspector impone orden y empieza a interrogar a la tía Antonia; ésta contesta con malos modos y el inspector se enfada con ella. Cuando la vieja se insolenta también con Julián, el inspector la manda a la prevención con sus perros. Julián se ofrece a ir a la cárcel y Susana, conmovida, se ofrece a ir con él. Este gesto provoca la reconciliación de los dos. Don Sebastián sale fiador del muchacho y el inspector cede, dejando que todos vuelvan a sus casas. Se reanuda el baile y la calma parece restablecida cuando Julián observa la presencia de Don Hilarión y arremete contra él. El viejo se escabulle y huye y el inspector restablece una vez más el orden. Se reanuda otra vez el baile – y con ello da fin la obra.

FICHA ARTÍSTICA:

JULIÁN – JUAN CARLOS BARONA
DON HILARIÓN – PABLO PRADOS
DON SEBASTIÁN – LUIS PACETTI
SUSANA – LOURDES MARTÍN
CASTA – AIDA SÁNCHEZ
SEÑA RITA – CARMEN SERRANO
TÍA ANTONIA – AMELIA FONT
TABERNERO – RAFAEL ÁLVAREZ DE LUNA
INSPECTOR – JUAN ANTONIO HIDALGO
CANTAORA – CARMEN SERRANO

DIRECTOR ESCÉNICO – PABLO PRADOS
DIRECTOR MUSICAL – JOSÉ MANUEL PADILLA

FICHA TÉCNICA:

COREOGRAFÍA – AIDA SÁNCHEZ
M. REPETIDOR- FÉLIX RODRÍGUEZ
SASTRERÍA – VICTORIA RUBIO
ESCENOGRAFÍA – GUILLERMO DÍAZ
DISEÑADOR G. –  SERGIO MARTÍN

CORO Y ORQUESTA:

TEATRO LÍRICO ANDALUZ

 

 

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Details

Date: 7 mayo
Time: 20:30 - 21:30
Cost: Gratuito
Evento Categories: , , ,

Venue

Centro Cultural MVA

Calle Ollerías, 33
Málaga, Málaga 29012 España

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